miércoles, 8 de febrero de 2012

Elogio de la filosofía (conversación con Jacques Derrida)


Elogio de la filosofía
[i]
Jacques Derrida

 
Conversación entre Jacques Derrida, Didier Eribon, Robert Maggiori y Jean-Pierre Salgas publicada en Libération (sábado 21 et domingo 22 de novembre de 1981)

Las iniciativas del ministro de la Investigación, Jean-Pierre Chevènement, están perturbando al mundo que generalmente vive entre los algodones de las ciencias exactas y de las ciencias sociales o humanas. No se sabe todavía lo que podrá salir, por las buenas o por las malas, de esa «leonera»: hay debates, proyectos, contraproyectos, polémicas, discusiones actualmente en curso. Una cosa, sin embargo, es evidente: en lo que respecta a la filosofía, ésta permanece claramente olvidada. No obstante, nos acordamos de la «querella de la filosofía» y de los debates sobre la filosofía que habían suscitado las (malas) intenciones de los gobiernos precedentes. Movilizados, los filósofos se habían encontrado, en junio de 1979, en los Estados Generales de la Filosofía, en el curso de los cuales se había formado la idea, no sólo, evidentemente, de una defensa de la filosofía y de lo que ella representa, sino también de una extensión de la enseñanza filosófica. En esa época, los socialistas, que no tienen por qué ser a priori clasificados entre aquellos que «temen a la filosofía», habían escuchado favorablemente las proposiciones nacidas de los Estados Generales. François Mitterrand mismo, antes de las elecciones, había asegurado que, si los socialistas llegaban al poder, la enseñanza de la filosofía sería «mantenida y desarrollada». Y bien, los socialistas están, hoy, en el poder. ¿Qué es entonces de esas promesas? El ministro de la Educación nacional, Alain Savary, se muestra, contrariamente a su colega de la Investigación, bien silencioso. Hemos pedido a Jacques Derrida, quien, a la cabeza del Greph, ha sido siempre punta de lanza en la pelea «por la filosofía», que aporte su contribución la cual podría sonar como una necesaria interpelación.

LAS PROPUESTAS DEL GREPH
El Greph ("Groupe de recherche sur l’enseignement de la philosophie" [Grupo de investigación sobre la enseñanza de la filosofía]) propone que una decisión de principio confirme y ejecute los compromisos del Presidente de la República: en la fecha más cercana posible, la enseñanza filosófica, mantenida en todas las secciones de 'Terminal', sería introducida a partir de 'la Seconde'. Estando en 'stand-by' tal fecha y tal decisión, los trabajos reunirían a todos los interesados; y, sobre todo, las experimentaciones serían múltiples, no sólo en algunos liceos piloto especializados en la experimentación, sino en todo aquel sitio en que fueran posibles y deseadas, dando por sobreentendido que el ministerio alentaría y favorecería oficialmente sus condiciones. El Greph propone además — pero ahí hay todavía puntos a discutir con todas las instancias involucradas — que por una parte la filosofía sea introducida en 'Seconde' bajo su forma de disciplina reconocida, con sus exigencias y sus normas clásicas. Por ejemplo con el ritmo de dos horas por semana, y con los derechos admitidos por toda otra disciplina fundamental. El profesor de filosofía enseñaría aquello que ha sido dado llamar, en un sentido estricto, la filosofía institucional. Pero, por otra parte, en acuerdo con los representantes de otras disciplinas, según formas inéditas, sobre contenidos nuevos y todavía poco o mal representados en la distribución actual de los campos de enseñanza, sería practicado a la vez que enseñado algo que se asemejaría al pensamiento en los límites de la filosofía, fuera de programa en lo posible, y con el mayor sentido posible de la innovación, de la invención en común. En este espacio de "desove", los filósofos y la filosofía (en el sentido más amplio e innovador) tendrían su rol, un rol no preponderante, dentro de un conjunto que estaría a disposición de todos los enseñantes y de todos los alumnos. Esto supone una refundición profunda del sistema y de las costumbres, en la escuela y en otras partes. 
J. DERRIDA

Acerca del conjunto de estas cuestiones, puede leerse: Qui a peur de la philosophie? [¿Quién le teme a la filosofía?] y Les États Généraux de la philosophie [Los Estados Generales de la filosofía] (Flammarion, Collection Champs).

LIBÉRATION. - En dos ocasiones, François Mitterrand habrá abordado la cuestión de la extensión de la enseñanza de la filosofía. Ahora, este tema está para usted en el orden del día desde los Estados Generales de la filosofía.  

Jacques Derrida - En verdad desde el inicio de 1975, era para nosotros mucho más y otra cosa que una reivindicación particular (técnica, pedagógica, esto es, corporativa). Tal transformación alcanzaría todo, antes y después del secundario, en y fuera de la enseñanza. Como no se trata sobre todo de propagar una disciplina, y todavía menos la misma disciplina (mismos contenidos, mismos métodos, etcétera) en condiciones idénticas, como llamamos a una transformación profunda de todo el sistema educativo en sus relaciones con la sociedad, sabíamos claramente que entonces hablábamos de una verdadera mutación política. Y no disimulábamos que a la llegada de un gobierno de izquierda el espacio del debate o del combate sería ciertamente más abierto, más favorable, pero que las resistencias seguirían estando vivas, los trabajos y las luchas todavía serían necesarias. Aquello a lo que nos enfrentamos es en efecto más antiguo, más enraizado y por lo tanto más tenaz que los temas, programas, códigos políticos con respecto a los cuales se enfrentan — o se entienden — las mayorías electorales de este país.


LIBÉRATION. - Pero de todos modos se ha asistido a cierto cambio político. Estos cambios ¿son de naturaleza tal que hagan desaparecer ciertos obstáculos?  

Jacques Derrida — Aparentemente el obstáculo político de principio se ha levantado, parece hacer desaparecido formalmente. No hablo sólo del sentimiento de liberación, de la inmensa esperanza que ha podido suscitar la llegada de la izquierda al poder. No hablo sólo de lo que podría, esperémoslo, poner fin a una de las secuencias históricas más siniestras después de la guerra, en particular, hay que insistir en ello, en la Universidad. No, me refiero muy precisamente, dado que es el único tema de nuestra conversación, a los compromisos formales de François Mitterrand durante su campaña presidencial. Como todos los compromisos de este período, deben formar la carta de la acción gubernamental. Ahora, para empezar estuvieron las 10 propuestas del Discurso de Évry, luego esa carta al Greph (publicada posteriormente en Le Monde del 27 de mayo): «la enseñanza de la filosofía debería ser sostenida y desarrollada», «debería figurar obligatoriamente en el conjunto de las secciones del Segundo Ciclo Largo». Estos compromisos responden a las reivindicaciones de los Estados Generales. No los dejaremos olvidar o descuidar. Urge recordarlos hoy día. Porque los problemas siguen estando.
 Ningún signo que provenga del Ministerio anuncia aún la menor iniciativa en este terreno, no se hace ninguna referencia oficial a los compromisos de François Mitterrand, incluso no se avanza la hipótesis de una discusión, de un proyecto de estudio o de exploración preliminar, nada. Se mantiene incluso la supresión (por Saunier-Séité) de ciertas habilitaciones vitales para la filosofía en ciertas Universidades. Muchos enseñantes, estudiantes, alumnos, se sorprenden o se indignan, podemos dar testimonio de ello. En varias ocasiones, este verano y este otoño, el Greph propuso participar al menos en estos trabajos preparatorios indispensables. Todos los interesados deberían estar asociados en ello, ministerio e inspección general, padres de alumnos, representantes de otras disciplinas, sindicatos y asociaciones corporativas, tal como la Asociación de profesores de Filosofía (la cual no es «la única asociación representativa», ella no es la única en haber «consagrado su acción desde hace más de treinta años», como recientemente pretendió, a la «expansión de la enseñanza filosófica»: algunos de sus miembros declaran incluso temer la expansión de la enseñanza filosófica en las secciones técnicas). En todo caso ninguna acción que involucrara sólo una planificación de los horarios en 'Terminales' puede estar a la altura de los problemas que debatimos, en los que nos debatimos.


LIBÉRATION. - ¿Es muy importante esta cuestión de las secciones técnicas, en su opinión? 

Jacques Derrida - Sí, es reveladora. Tocamos ahí, rápidamente, la dificultad propiamente histórica que rozábamos recién. ¿Por qué en este dominio, precisamente, la nueva mayoría se arriesga a proseguir, con un lenguaje apenas diferente, una política que parecía haber combatido durante decenios? Cuando las fuerzas que sostenían los gobiernos de ayer, en la escuela y fuera de la escuela, tendían a limitar la enseñanza filosófica, su preocupación no pasaba sólo por prohibir o reprimir determinada politización poco controlable, a través de tales o cuales discursos, textos o temas directamente políticos en el sentido directamente codificado del término. Esta inquietud inmediatamente política jugó sin lugar a dudas un rol, sobre todo después del '68, podríamos recordar pruebas numerosas y graves de ello. Pero sobre todo estaba la potencia constrictiva de un mercado, los imperativos tecno-económicos, cierto concepto, otros dirían una ideología o simplemente una filosofía de la adaptación inmediata a las urgencias aparentes de la productividad en la competencia nacional e internacional.

Nada más «natural», en suma, que este tecnologismo, que es también un productivismo y un positivismo. Para la filosofía que los sostiene (es también una filosofía, una gran tradición de la filosofía, una filosofía de la filosofía), la formación de filósofos debía limitarse a una determinada democratización, más allá de una clase social que tenía su monopolio de hecho y que marcaba el discurso filosófico con sus propios trazos. Tal expansión de tal formación no era rentable, no era suficientemente «performante». Por formación de filósofos, entiendo la de ciudadanos (para empezar alumnos o estudiantes, a veces enseñantes o investigadores) entrenados en el rigor de una disciplina (como deben serlo en la de otras disciplinas o saberes) pero también abiertos por ella y más allá de ella hacia cuestionamientos o puestas en cuestión difíciles de programar.

LIBÉRATION - ¿Qué pasa hoy en día? ¿Estamos, con respecto a ello al menos, en una situación verdaderamente nueva? 
Jacques Derrida - No estoy seguro. El proyecto, la «idea» socialista debe avanzar a través de contradicciones esenciales y numerosas. Por ejemplo, hay que responder y a la vez escapar a la programación tecno-económica del mercado, de la producción, a las urgencias muy estrictas de la competencia nacional y mundial en su actual estado. Hay que responder y no responder a las leyes de esta maquinaria, satisfacerlas e intentar desplazarlas. Contradicción probablemente inevitable cuyos efectos es posible seguir en el detalle de la gestión y del discurso socialistas. Esto en sí no es un mal absoluto, un vicio, un accidente o una debilidad. Pero no hay manera de pensar esta contradicción, de analizarla que no sea trabajándola mediante el desconocimiento o la denegación.

LIBÉRATION. — ¿El Coloquio nacional sobre la Investigación Científica y la Tecnología organizado por Jean-Pierre Chevènement le parece a este respecto un indicador?  
Jacques Derrida — En principio es una iniciativa muy feliz. ¿Cómo no aprobarla? Pero partiendo de sus protocolos oficiales y sus primeros trabajos preparatorios,  estamos llamados a facilitar el «pasaje» entre los imperativos de la tecnología o de la producción (nociones demasiado oscuras, sea lo que fuere que digamos con ello) y por otro lado la enseñanza, la ciencia o la cultura (nociones no menos problemáticas y tan a menudo dadas por sentadas, tanto hoy como ayer). Estamos llamados a «adaptar» «modos de formación interdisciplinaria» «con respecto a las nuevas necesidades del mercado económico y social (industria, agricultura, etc.». Nada más legítimo, nada más necesario, pero ¿en qué radica la novedad en cuanto a la idea de la ciencia, de la cultura, de la técnica, de la investigación científica y de la enseñanza?  Aunque felizmente se encare aumentar determinados presupuestos, de volver más efectiva una democracia social y humanista que hasta ayer venía siendo formal e insuficiente, el sistema de evaluación, las finalidades seguían siendo las mismas, y el discurso y la idea de la cultura. Al interior de esta continuidad, seguramente, se pueden hacer enormes progresos, y soy de aquellos que lo desean. Pero ¿no deberíamos interrogarnos incluso sobre esta continuidad y volver efectiva, en todos los dominios, la posibilidad de esta interrogación? ¿No es en nombre del discurso mismo, de los «pasajes» mismos, de la adaptación «misma», que se quería antaño evacuar la filosofía y todo lo que no respondiera a los criterios de «performance» productiva, a las pretendidas «necesidades sociales»? Esta última noción es realmente equívoca y se hace de ella la instancia suprema. ¿Qué es una necesidad social? ¿Quién la define? ¿Qué es adaptarse a una necesidad social pretendidamente previa, sobre todo para la investigación científica, la ciencia, la cultura, y a fortiori la filosofía que es incluso algo totalmente distinto? 


LIBÉRATION. - Sí. Pero no alcanza con decir que es «algo totalmente distinto».  Quizás es esta imprecisión artística que alimenta las diatribas contra la filosofía.  
Jacques Derrida — Tiene razón, pero no improvisaré aquí una definición de «la filosofía». Limitándome a las preocupaciones inmediatas que nos son comunes con respecto a ello, diré que «la filosofía» nombra actualmente al menos dos cosas.
Por un lado, evidentemente, una tradición muy rica, textos, tesoros de discurso, de argumentación, de preguntas (pre-críticas, críticas y más que críticas, otra cosa que preguntas simplemente críticas), la metafísica, las ontologías regionales, la epistemología en el sentido más amplio, la política, etc. Estos elementos de una disciplina, estos potentes instrumentos no son sólo instrumentos y técnicas si bien también lo son, y que haya que asegurar su indispensable tradición. Bajo este título, ya, la filosofía no releva ni de las ciencias exactas ni de las ciencias sociales o humanas cuyo «retardo» el Ministro de la Investigación Científica cree poder constatar o lamentar (enorme cuestión que no hago más que evocar al pasar). La cientificidad y el objeto de estas ciencias son también preguntas para la filosofía. Antaño fue también para hacer sitio a las «ciencias humanas» que se quiso reducir o diluir la enseñanza filosófica. La filosofía tampoco es, simplemente, una actividad productiva, y diría incluso que su pertenencia a lo que se llama la «cultura» no es evidente de suyo. Sin dirigirse contra ellas, las filosofía es otra cosa que la ciencia, la técnica, la cultura. Uno puede apostar que en estos otros dominios no puede surgir ninguna mutación que se anuncie en los confines de la filosofía. Prefiero decir «en los confines», de un lado y del otro de un límite que mira a la vez hacia adentro y hacia un más allá de la filosofía. 

También, por otra parte, el nombre de filosofía se encuentra justamente asociado a todo «pensamiento» que ya no se deje determinar, en justicia, por los programas tecno-científicos o culturales, que a veces desacomoda, interroga y afirma, sí, afirma, más allá de ellos, sin necesariamente oponerse a ellos o limitarlos sobre el modo «crítico». El valor de «crítica» es sólo una de las posibilidades filosóficas, tiene su historia y su propia genealogía. Lo que llamamos por ejemplo «deconstrucción» no se limita a ninguna de estas operaciones llamadas críticas, cuya virtud e indiscutible necesidad han inspirado a todos aquellos que defienden la filosofía una reflexión «crítica» frente a los poderes. Lo que me interesa en esta «deconstrucción» es en particular ese pensamiento afirmativo que, por no ser ni tecno-científico, ni cultural ni incluso totalmente filosófico, guarda una afinidad esencial con la filosofía, a la que trabaja — en todos los sentidos de la palabra — en su discurso tanto como en sus estructuras institucionales, pedagógicas, políticas, etc. Este «pensamiento» puede encontrarse presente en todas las disciplinas, en las ciencias y en la filosofía, en la historia, la literatura, las artes, sin obsesión de performatividad tecno-económica. Si está presente, este pensamiento es incalculable y marca el límite mismo del tecnocratismo.

Estas preguntas extrañas y aparentemente frágiles, estos desoves insólitos a los cuales hay que darles su oportunidad, no son necesariamente especulaciones estériles. Por otra parte, ¿por qué no permitirles correr tal riesgo de improductividad? Los espíritus preocupados por la rentabilidad calculable deben saber que a través de dichas errancias marginales y aleatorias se anuncian a veces mutaciones, el porvenir cifrado de un descubrimiento que, para empezar, acaba de agrietar con su firma [o "signatura"] las más densas y las más seguras máquinas de programar. Bien se sabe que pensamientos inauditos, transformadores descubrimientos científicos estuvieron ligados a veces a imprevisibles golpes, golpes de dados o golpes de fuerza. 


LIBÉRATION. - ¿Pero no hay en los textos preparatorios para el Coloquio Chevènement mismo una protesta contra el tecnocratismo, por más que ésta sea tímida?

 Jacques Derrida — Es verdad. Y es por ello por lo que no critico ni denuncio ese Coloquio, al contrario, le aporto, como usted ve, mi modesta contribución, incluso si parece un poco disonante. Es que en esos textos preparatorios la protesta contra el tecnocratismo está como perdida en medio de un himno al humanismo tecno-democrático que se asegura más en su legitimidad, su necesidad, su optimismo y su progresismo. Y bien, mientras más fuerte sea ese discurso, más irrefutable parezca, mayor necesidad tendremos (¡he aquí una «necesidad»!) de interrogarlo sobre sus fundamentos últimos, sus límites, sus presupuestos, su vieja y su nueva historia. Sólo podremos hacerlo desde lugares o no-lugares al margen, a través de discursos y gestos minoritarios, insólitos, con pocas garantías de su admisibilidad inmediata, según interpelaciones que no se dejen dominar o intimidar por ese poderoso programa.

La filosofía, o más bien el  «pensamiento», para mí, sería eso, ese no-sitio móvil desde el cual se continúa o se recomienza, siempre otramente, a preguntarse en qué consiste la técnica, la positividad de las ciencias, exactas o no, la producción, sí, sobre todo la productividad. Dicha «filosofía», claramente se debe reconocer que no tiene sitio asignable en un Coloquio sobre la Investigación y la Tecnología. Se ha tenido a bien designarla de pasada entre los  «múltiples trabajos de orden filosófico, histórico, sociológico, económico o político», pero ella no pertenece a la serie de tales investigaciones.


 LIBÉRATION. - Entonces, ¿es toda la estructura de la Universidad y de la enseñanza superior lo que hay que interrogar?

 Jacques Derrida -Haría falta, tarea paradójica, aparentemente contradictoria y sin embargo vital, crear instituciones que dejen el espacio, y un respiro, a lo que todavía no tiene rostro identificable. No me refiero únicamente a la filosofía bajo la forma en que se la admite bajo el rótulo de teoría de la ciencia o de epistemología, bajo el rótulo de disciplina que trata de los fundamentos de la ciencia o de la técnica, de la política o de la ética. La filosofía es eso, ciertamente, pero cierto «pensamiento», otramente filosófico, también puede interrogar en su genealogía y en sus presupuestos este mismo fundamentalismo, esta petición de fundamento, e incluso una jerarquía ontológico-encicopédica (ontología general, o fundamental, ontologías regionales, saberes y positividades, etc.).
 Esta jerarquía construyó, no lo olvidemos, el modelo de  Universidad con el que vivimos todavía desde inicios del siglo XIX. El modelo mismo se encuentra debilitado actualmente, y de modo irreversible, creo. Todos los Estados, tanto en el Este como en el Oeste, lo dejan o lo hacen morir ya que prefieren a él instituciones de investigación más «performantes» (desde el punto de vista de la tecnología científica, industrial y, siempre, militar), más estrechamente dependientes y desligadas de toda enseñanza. Habría que detenerse largamente sobre esta evolución, no podemos hacerlo aquí. En una palabra, la paradoja sería la siguiente: según el modelo que podría llamarse «moderno» desde inicios del siglo XIX europeo, y para empezar alemán, esta Universidad representa indirectamente una vieja racionalidad estatal condenada, pero podría convertirse curiosamente, en su vejez misma, en una suerte de refugio del liberalismo, en el sentido en que se podía también hablar de «artes liberales», quizás, una solución de repliegue y de urgencia para un pensamiento que quisiera seguir escapando a la planicación constrictiva de la que hablábamos hace un momento y que gana todos los lugares de investigación (lo que en tiempos de Kant y del Conflicto de las Facultades se llamaba las Academias y las Sociedades eruditas, poco numerosas y marginales en ese entonces).

No creo que haya que elegir entre las dos posibilidades. Por antitéticas que parezcan, se ensamblan en el mismo sistema. No, habría que reconstruir de cabo a rabo todas las relaciones (e incluso interrumpir algunas veces toda relación) entre el Estado y, bajo su forma institucional o no, el saber, la técnica, la cultura, la filosofía, el pensamiento. Quizá ya eso se esté dando, incluso si no es muy manifiesto. Pero para hablar seriamente de ello, deberíamos al menos recordar toda la historia de esta problemática, releer entre otras cosas El Conflicto de las Facultades, reescribirlo de un modo totalmente otro hoy, reescribir de un modo totalmente otro lo mejor y lo peor de lo que Kant, Schleiermacher, Hegel, Humboldt, Fichte, Schelling, pero también Cousin, Heideggery algunos otros nos han legado sobre estos temas. Sería necesario incluso que se nos dejara el tiempo y los medios para ello.


Texto completo en francés:
http://www.jacquesderrida.com.ar/frances/eloge_philosophie.htm


[i] [Publicamos bajo este título una conversación entre Jacques Derrida, Derrida, Didier Eribon, Robert Maggiori y Jean-Pierre Salgas publicada en Libération (sábado 21 y domingo 22 de noviembre de 1981). No es inútil reproducir aquí la introducción entonces propuesta por el diario a esta conversación así como la presentación que se hizo del «proyecto del Greph»].

lunes, 13 de junio de 2011

Léopold Sédar Senghor: "Tyaroye"

 Tyaroye

Prisioneros negros bien digo prisioneros franceses, ¿entonces es verdad que la Francia no es más la Francia? 
¿Entonces es verdad que el enemigo le robó su rostro? 
¿Es verdad que el odio de los banqueros compró sus brazos de acero? 
¿Y no ungió vuestra sangre a la nación olvidadiza de su misión de ayer? 
Decidme, ¿no se mezcló vuestra sangre a la sangre lustral de sus mártires? 
¿Serán vuestros funerales los de la Virgen Esperanza? 
Sangre sangre oh sangre negra de mis hermanos, mancháis la inocencia de mis sábanas 
Sois el sudor en que se baña mi angustia, sois el sufrimiento que hace enronquecer mi voz 
¡Wôi!, escuchad mi voz ciega, genios sordomudos de la noche. 
Lluvia de sangre roja ¡langostas! Y mi corazón clama al azur y a la gracia. 

No, no habéis muerto en vano ¡oh Muertos! Esta sangre no es agua tibia 
Riega densamente nuestra esperanza, que florecerá al crepúsculo. 
Es nuestra sed nuestro hambre de honor, esas grandes reinas absolutas 
No, no habéis muerto en vano. Sois los testigos del África inmortal 
Sois los testigos del mundo nuevo que será mañana. 

¡Dormid oh Muertos! y que mi voz os acune, mi voz de furia que acuna la esperanza. 

París, diciembre de 1944.

viernes, 10 de junio de 2011

Léopold Sédar Senghor: "Au Guélowâr"

Al Guélowâr 

Guélowâr! 
Te escuchamos, te oímos con los oídos de nuestro corazón. 
Luminosa, tu voz estalló en la noche de nuestra prisión 
Como la del Señor de la sabana, ¡y qué estremecimiento recorrió la onda de nuestra espalda curvada! 
Somos crías de pájaros caídas del nido, cuerpos privados de esperanza y que se marchitan 
Fieras de garras recortadas, soldados desarmados, hombres desnudos. 
Y henos aquí rudos y torpes como ciegos sin manos. 
Los más puros entre nosotros han muerto: no pudieron tragar el pan por la vergüenza.
Y henos aquí presos en las redes, librados a la barbarie de los civilizados 
Exterminados como facóqueros. ¡Gloria a los tanques y gloria a los aviones! 
Buscamos un apoyo, que se escurría como la arena de las dunas 
Jefes, y estaban ausentes, compañeros, ya no nos reconocían 
Y nosotros ya no reconocíamos a la Francia. 
En la noche gritamos nuestra desesperación. Ni una voz respondió. 
Los príncipes de la Iglesia se callaron, los hombres de Estado clamaron la magnanimidad de las hienas 
"¡Sí!, se trata del negro, ¡sí!, se trata del hombre, ¡no!, ¡cuando se trata de Europa!" 
Guélowâr! 
Tu voz nos dice el honor la esperanza y el combate, y sus alas se agitan en nuestros pechos 
Tu voz nos dice la República, que nosotros elevaremos la Ciudad en el día azul 
En la igualdad de los pueblos fraternos. Y nos respondemos: "¡Presentes, oh Guélowâr!"

Camp d'Amiens, setiembre de 1940.

viernes, 6 de mayo de 2011

Pierre de Ronsard - poema anacreóntico

Ahora que el hermoso mes reluce,
vayamos, linda, al prado,
no permitamos que se escurra el tiempo;
la edad, que se desliza, que no frena,
encaneciendo el pelo en nuestras sienes,
huye como la primavera.

Así, mientras que nuestra vida
y el tiempo a amar nos invitan,
amemos, colectemos estas ansias,
crucemos el amor de vena en vena;
de inmediato la muerte, que está cerca,
vendrá a robar nuestros placeres.

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Cependant que ce beau mois dure,
Mignonne, allons sur la verdure,
Ne laissons perdre en vain le temps;
L'âge glissant qui ne s'arrête,
Mêlant le poil de notre tête,
S'enfuit ainsi que le printemps.

Donc, cependant que notre vie
Et le temps d'aimer nous convie,
Aimons, moissonnons nos désirs,
Passons l'amour de veine en veine;
Incontinent la mort prochaine
viendra dérober nos plaisirs.

viernes, 15 de abril de 2011

Raymond Queneau: de "Chêne et chien", II [segunda sección]

Hay tantos sueños que uno no sabe cuál elegir,
mis sueños se prolongan por años
mis sueños se multiplicaron
gracias a los cuentos que decir y las cosas que oír.

'Te doy el niño de una noche' oleosa,
el ala es fosforescente y la sombra, iluminada
por tales reflejos de verdades,
quebrados carbones que brillan, refleja en cada grano
la mariposa real y que regresa al otro día.

Las boyas sobre el mar señalan las redes,
en la barca nos esforzamos y nos afanamos,
las algas cuelgan de los ganchos,
el pez muere al viento, luego se dora sobre la llama.

¿Y entonces qué has pescado ahora que el invierno se aproxima?
Algunos espacios están deshuesados
y algunas llanuras desbrozadas
y más de una tortuga se muere en su caparazón.
Tus sueños están menos secos que la cola de un arenque
y las explicaciones ciertas.
La poesía ha muerto, el misterio jadea,
digo.
Hay que volverse hacia atrás,
donde quiera que vayas tu nariz choca contra algo.
Acabas de superar el destete
y crees ver la noche la otra realidad:
son apenas los padres en los tiempos de tu infancia.

martes, 5 de abril de 2011

Raymond Queneau: de "Chêne et chien", II

Me acosté sobre un diván
y me puse a contar mi vida,
lo que creía que era mi vida.
Mi vida: ¿qué conocía yo de ella?
Y tu vida: ¿qué conoces tú de ella?
Y aquel de más allá, ¿es que la conoce,  él,
a su vida?
Hete aquí que todos se imaginan 
que en esta vasta combinación
todos ellos actúan como quieren
como si supieran lo que quieren
como si quisieran lo que quieren
como si quisieran lo que saben
como si supieran lo que saben.
En fin estoy entonces acostado
sobre un diván cerca de Passy.
Cuento todo lo que se me ocurre:
estoy en un psicoanálisis.
Naturalmente comienzo
por historias bien recientes
que creo muy importantes
por ejemplo que hace muy poco me enojé con mi amigo Untel
por razones confidenciales
pero lo más importante
es en suma que
soy incapaz de trabajar
en nuestra sociedad
soy un desadaptado inadaptado
neu-
rótico
un impotente
así que sobre un diván
heme aquí entonces contando cómo utilizo mi tiempo.

Cuento un sueño:
un hombre una mujer
se pasean cerca de un río,
un cocodrilo detrás
de ellos
los sigue como un perro.
Ese cocodrilo soy yo
dócil como un perro
porque algún extraño mago
me ha reducido a tal extrema sombra,
algún extraño malhechor,
un tirador de suertes, alguien que condena,
un sembrador de anatemas.

¿Yo? ¿dócil? pero ¿y después? ¿no fue que me rebelé?
¿Yo? ¿dócil? ¿un rebelde?
Creí rebelarme y me castigué.
El cocodrilo es mi niñez
desnuda
mi padre cuando agonizaba colmado de enfermedades
y mi amor
que debe ser castigado
mi amor y mi inocencia
mi amor y mi patria
mi amor es mi padecer
mi amor es mi paraíso
el verde paraíso de los amores.
¿Por qué este retorno a la niñez
por qué sí este retorno, siempre?
¿y por qué esta persistencia
por qué esta perseverancia
y por qué esta pestilencia?
Una gran M recubría a mi yo [1],
porque impotente yo me mofaba
al recuperarme de mi padecer.

[1] "Un grand M mon moi revêtait", en el original.

miércoles, 23 de febrero de 2011

Lo Estándar (Louis-Ferdinand Céline: "Bagatelles pour un massacre", pág. 111)

Lo Estándar en todas las cosas es la panacea de lo Judío. Ya ninguna revuelta más que temer de los individuos pre-robóticos que somos, nuestros muebles, novelas, películas, autos, lenguaje, la inmensa mayoría de las poblaciones modernas ya están estandarizadas. La civilización moderna es la estandarización total, almas y cuerpos bajo lo Judío. Los ídolos "estándar", nacidos de la publicidad judía, no puede ser jamás temidos por el poder judío. Nunca antes los ídolos, a decir verdad, fueron tan frágiles, tan deleznables, más fácil y definitivamente olvidables, en un momento de disfavor. La adulación de las multitudes está al mando de lo Judío. 

Le Standard en toutes choses, c'est la panacée du Juif. Plus aucune révolte à redouter des individus pré-robotiques, que nous sommes, nos meubles, romans, films, voitures, langage, l'immense majorité des populations modernes sont déjà standardisés. La civilisation moderne c'est la standardisation totale, âmes et corps sous le Juif. Les idoles "standard", nées de la publicité juive, ne peuvent jamais être redoutables pour le pouvoir juif. Jamais idoles, à vrai dire, ne furent aussi fragiles, aussi friables, plus facilement et définitivement oubliables, dans un instant de défaveur. L'adulation des foules est au commandement du Juif.