lunes, 27 de abril de 2015

Dos poemas de Guy Goffette

Guy Goffette


DOMINGO 

El herrerillo curva el cielo 
en su garganta 
Adentro un hombre sin edad 
entrampa su vida 
en un libro de historia antigua 
mientras que en el umbral 
una mujer sentada 
deshoja una nube que se demoró 

Solo afuera 
el chico en pleno juego 
arranca del azul 
un grito que no regresará 

- . - . -

LOS EXCAVADORES DEL BORDE DEL MAR 

IX 

Luego de siglos en 
el ruido y el polvo 
escriben sobre el cielo 
la primera letra de su nombre 
cada día la borran 
y la vuelven a hacer más grande 
para que por fin podamos leer 
azul sobre azul 
como todo ciego 
el ardiente corazón del mundo 

- . - . - 

DIMANCHE

La mésange arrondit le ciel
dans sa gorge
Un homme au dedans sans âge 
traque sa vie 
dans un livre d'histoire ancienne 
tandis qu'au seuil 
une femme assise 
effeuille un nuage attardé 

Seul au dehors 
l'enfant pris au jeu 
arrache à l'azur 
un cri sans retour 

(Nomadie) 

- . - . - 

LES TERRASSIERS DU BORD DE LA MER 

IX 

Depuis des siècles dans 
le bruit et la poussière 
ils écrivent sur le ciel 
la première lettre de leur nom 
l'effacent chaque jour 
et la recommencent plus grande 
pour que nous puissions lire enfin 
bleu sur bleu 
comme tous les aveugles 
le coeur brûlant du monde 

(Solo d'ombres) 

- . - . - 

Tomados de Poésie 1, N° 135, julio, agosto y setiembre de 1987.

viernes, 27 de febrero de 2015

Un poema de Maurice Carême

Maurice Carême


Las veces que te dejan con vos mismo,
volvés a ser ese niño cansado
que lloraba de noche por lo bajo
al escuchar los ladridos sordos
De una ronca perra, a lo lejos.

Esa perra sigue estando,
Pero hoy es en tu carne que ella ladra.

- . - . -

Dès qu'on t'abandonne à toi-même,
Tu redeviens cet enfant las
Qui pleurait dans le soir, tout bas,
En écoutant les sourds abois
D'une chienne rauque et lointaine.

Cette chienne, elle est toujours là,
Mais c'est dans ta chair qu'elle aboie.

MAURICE CARÊME: "Heure de grâce". Tomado del libro: La saveur du pain. Editions Jacques Aintoine. Bélgica. 1982. Pág. 170. 

Sobre el autor, en Wikipedia: en francés y en español



jueves, 30 de enero de 2014

"DEGRÉS", de MICHEL BUTOR -- (page 10)

Yo estaba ya en esa sala con usted. Era nuestra segunda lección de geografía. 

"Zola, ¿qué puede decirme de la atmósfera? 

Wolf, ¿qué sabe usted de la estructura interna del planeta? 

Y ahora, Voss, vamos, póngase de pie, pase al frente, hábleme de la historia del globo y sus principales períodos."

Y mientras éste ensayaba sus respuestas, de pie, las manos a la espalda, yo te observaba de refilón. El sol aclaraba tus cabellos negros, y tus manos de uñas comidas; proyectabas tu sombra sobre el libro que hojeabas, deteniéndote un buen tiempo en una fotografía no muy nítida del gran cañón del Colorado, con una mancha negra al medio, espesa e irregular, como si hubieras sido vos quien la hubiera hecho

y tu tío Henri estaba ya del otro lado de la pared atrás mío, con su primera moderna, y pedía entonces a uno de sus alumnos comenzar la muerte de Monseigneur, delfín de Francia: 

"Allí me encontré con todo Versalles reunido...", 

señalando las faltas con un fruncimiento de cejas,  un golpe seco con la punta de su lápiz en el borde amarillo de un escritorio igual al mío, todo marcado de huequitos, 

exactamente como señalaba las tuyas ahora mismo, después de haber recogido los primeros deberes de francés con este tema ultra clásico: 

"narre el día de de sus vacaciones que más destacadamente recuerde; intente explicar por qué le ha parecido el más digno de ser retenido". 

Interrogó a algunos de ustedes sobre vida y obras de Rabelais, pidió un voluntario para que explicara la carta de Gargantúa a Pantagruel, y te eligió [entre los que levantaban la mano...] 
        

"DEGRÉS" de MICHEL BUTOR -- (page 9)

Entro a la clase, y subo al estrado. 

Cuando deja de sonar la campana, saco del portafolios que acabo de apoyar sobre el escritorio la lista alfabética de los alumnos, y la otra hoja de papel blanco, donde ellos mismos han indicado sus lugares al interior de esta sala. 

Después me siento, y cuando todos han hecho silencio, comienzo a tomar lista:

"Abel, Armelli, Baron...",

tratando de retener en la memoria sus rostros, dado que todavía no sé reconocerlos excepto algunos que estaban conmigo el año pasado, en particular vos, Pierre, 

que elevás tus ojos marrones cuando yo pronuncio tu nombre según la lista, 

después "... Daval, de Joigny, de Loups", 

antes de pasar a "Estier, Fage Jean-Claude, Fage Henri...", 

dirigiéndome una especie de sonrisa a la cual no quiero responder, porque evidentemente más vale que el mayor número posible de tus compañeros ignore el mayor tiempo posible nuestro parentesco, que a sus ojos seas para mí exactamente como uno más de ellos. 

Tu tío Henri Jouret, del otro lado de la pared detrás mío, se mide con sus primero moderno, toma lista, trata de registrar sus lugares y sus rostros, antes de comenzar a tomar y a explicar una página de Saint Simon. 


jueves, 28 de febrero de 2013

LA HORA DEL TÉ [Henry Bauchau]

LA HORA DEL TÉ 

Estás en el consultorio de Dominique, junto a su diván de analista, 
Y te vuelves a encontrar con la cortina roja, la cortina gris de la sesión. 
Una niñita te ofrece té y te habla ceremoniosamente. 
Había en Grecia ese sonido de flauta, sobre una hoja al borde del agua cae la nieve sobre China. 
Cuando la vida ya no es más que una oreja atenta, ¿escuchamos cómo cae esta nieve interior, 
Escuchamos cómo la lengua de las materias habla? 

Es Dominique y la música de su nombre, cuatro sílabas matinales 
Que la convierten en esa persona risueña cuyo pensamiento, sin esconderse, a menudo reposa. 
Con esas palabras cotidianas que parten sin ruido 
Quizás habláis de Dios cuya muerte es tan evidente 
Que ya no puedes hablar de él sino más simplemente de aquello 
Que se percibe en la profusión del aire. 
Estás sentado en la sala junto a ella, ya no sabes si sabíais que Dios ha muerto 
Mientras poco a poco, mediante la contemplación de la nieve y el agua, 
Descubrías bajo las palabras 
La imitación de la materia. 

Piensas en la obediencia de las cosas y te levantas ya que escucháis que llaman 
Es un paciente de Dominique, va a recostarse aquí, va a arder, 
Un poco tramposo, como tú, un poco mentiroso y tu hermano en inmensidad 
Ahora que está impaciente, por el camino de su pobreza. 

- . - . - 


L'HEURE DU THÉ 

Tu es dans le bureau de Dominique, près de son divan d'analyste
Et tu revois les rideaux rouges, les rideaux gris de la séance.
Une petite fille t'offre du thé et te parle avec cérémonie.
Il y avait ce son de flûte en Grèce, sur une feuille au bord de l'eau la neige tombe sur la Chine.
Lorsque la vie n'est plus qu'une oreille attentive, entendons-nous tomber cette neige intérieure
Entendons-nous parler la langue des matières?

C'est Dominique avec la musique de son nom, quatre syllabes matinales
Qui font la personne rieuse dont la pensée souvent, sans se cacher, repose.
Avec ces mots de tous les jours et qui s'en vont sans bruit
Peut-être parlez-vous de Dieu dont la mort est si évidente
Que tu ne peux parler de lui, mais plus simplement de cela
Que l'on éprouve avec la profusion de l'air.
Tu es assis dans la chambre près d'elle, tu ne sais plus si vous saviez que Dieu est mort
Pendant que peu à peu, par la contemplation de la neige et de l'eau
Tu découvrais sous les paroles
L'imitation de la matière.

Tu penses à l'obéissance des choses et tu te lèves car on entend sonner
C'est un patient de Dominique, il va éteindre ici, il va brûler
Un peu tricheur, comme toi, un peu menteur et ton frère en immensité
Maintenant qu'il est impatient, sur la voie de sa pauvreté.

- . - . - 

HENRY BAUCHAU. De "LA CHINE INTÉRIEURE". En HENRY BAUCHAU, Poésie 1950-1984. Éditions Actes Sud, 1986. Arles, France.

sábado, 4 de agosto de 2012

Sobre Aimé Césaire [por Daniel Maximin]

Sobre Aimé Césaire 

por Daniel Maximin 

Para hablar de Aimé Césaire, ese hombre cuya envergadura literaria y política ha hecho de él una de las grandes figuras del siglo XX, me gustaría citar estos versos de su más reciente libro de poemas, Moi laminaire [Yo laminaria], a través de los cuales se define a sí mismo del modo más cabal: 
Habito una herida sagrada 
habito ancestros imaginarios 
habito un deseo oscuro 
habito un largo silencio 
habito una sed irremediable... 
Todo queda dicho en cinco versos, del modo más justo y más poético: Aimé Césaire es un hombre de convicciones, de creación, de testimonio y fidelidad.

En efecto, lo que define a Aimé Césaire, para empezar, es una fidelidad a la historia, la exigencia del derecho a la memoria, el rechazo del silencio con respecto a los crímenes del pasado: el genocidio amerindio, la trata, la esclavitud y la opresión colonial, cuyas secuelas no fueron, incluso hoy en día, totalmente erradicadas. 

Es también la exigencia de testimoniar sobre los combates incesantes de su pueblo por su libertad y su dignidad. Desde su primer texto, el Cahier d'un retour au pays natal [Cuaderno de regreso al país natal], la voluntad de pintar la metamorfosis de "esta multitud inerte" herida por la historia, en un "pueblo en pie, un país en pie y libre", estructura todo el movimiento de este poema que desde hace cincuenta años da la vuelta al mundo para despertar la memoria y la esperanza de los oprimidos, con su célebre proclama "mi boca será la boca de los infelices que ni boca tienen". 

Pero, más allá del testimonio, Césaire es también el hombre de la voluntad, es decir, de la acción y el compromiso colectivo a lo largo de toda su extensa carrera política. 

Durante los decenios en que representó sin interrupciones a la Martinica en la Asamblea Nacional, generaciones enteras de diputados de todas las posturas regresaban a la sesión cuándo él tenía la palabra, en vistas a apreciar las cualidades de estilo, humor y espíritu combativo del gran orador, pero también y sobre todo la convicción, el rigor y la amplitud de visión del hombre político. Jamás quedó ceñido a los breves plazos de la política, a la preocupación partisana o al sectarismo ideológico. Dio, por el contrario, ejemplo de rupturas arriesgadas y solitarias, de posiciones a contracorriente de posturas demagógicas o de mayorías aseguradas, como cuando escribió esos dos grandes textos políticos mayúsculos que son el Discours sur le colonialisme [Discurso sobre el colonialismo] y la Lettre à Maurice Thorez [Carta a Maurice Thorez], que, en 1956, acompañaron su renuncia al partido comunista, cuya principal figura surgida de las colonias era él. 

Recuerdo también que este pariente de los grandes sueños es asimismo un lúcido constructor del presente, y que siempre estuvo atento a confrontar sus convicciones y pensamiento con la prueba de lo concreto, con las preocupaciones cotidianas de la vida pública, siempre a la escucha de las aspiraciones inmediatas de la población de la Martinica y de los habitantes de los barrios modestos de su ciudad, Fort-de-France. Y esto sin jamás considerarse por sobre su pueblo, a la manera de un guía omnisciente, ni oculto entre bambalinas por prudencia electoralista, sino en pie al lado de su pueblo, fiel traductor de sus exigencias, de sus avances como de sus lentitudes, y asimismo verdadero despertador de las conciencias y aglutinador de las voluntades sinceras. Tal como lo subraya la divisa del partido que fundó, para él la llave del futuro es principalmente el trabajo colectivo de los martiniqueses.

Y la principal lección de su acción política es ciertamente esta certidumbre siempre reafirmada de que los verdaderos avances de la libertad y de la dignidad no son los que se otorgan desde arriba ni los que se decretan de afuera, sino los que se conquistan mediante la responsabilidad colectivamente asumida. 

Bien entendido, todo esto vino acompañado de heridas y de silencios que lo habitan, según él mismo confiesa. Y es, sin duda alguna, su poderosa creatividad poética y dramática lo que lo ha ayudado a preservar su "sed irremediable", a pesar de todas las sequías y ciclones sufridos en su historia. 

Es su teatro, por ejemplo, en el que desfilan, en sus cuatro piezas, toda una galería de constructores entre los campos en ruinas de la historia: los dos héroes míticos del Rebelle y de Caliban, que encuadran las dos figuras históricas del Rey Christophe y de Patrice Lumumba, que cimentan hasta la muerte la fundación de sus naciones, a partir de cero, en Haití y en el Congo.

Y para este hombre de palabras, maestro de la oralidad tanto como de la escritura, es, en definitiva, especialmente la poesía la que constituye su "palabra esencial", que reúne la herencia cultural de tres continentes, y que ciertamente hace de él uno de los grandes poetas de este siglo, cuyo ejemplo y lectura nos dan, a todos nosotros sus lectores del mundo entero: "la fuerza de mirar hacia mañana". 


© 2003, Daniel Maximin 


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Wikipedia: Aimé Césaire (en castellano y en francés); Daniel Maximin (en francés). 


lunes, 21 de mayo de 2012

La alegría de un continente [Lamine Diakhate]

La alegría de un continente 

a Aïda Dramé, 
la muchacha de seda negra. 

I

¡Mi deseo! rebaños de nubes
a la caída del crepúsculo
para segar las estrellas.
¡Mi deseo! el misterioso tintineo de las campanillas
de la Resurrección;
la tierra será un pacífico campo de esperanza
los ojos a merced de las lágrimas.
¡Mi deseo! un largo poema escrito
en la antigua sangre de mi África
y el balanceo será rítmico
el aliento, generoso,
el cuadro, límpido:
resplandecerá como la cresta de la sangre;
¡Mi deseo! un sueño
un viento fraternal y violento
sobre toda la tierra.


II

Amiga mía, me seguirás.
Dejaremos este vasto mundo para ir a asentarnos
entre los Ancianos.
¿No escuchaste hacia el final del tercer sueño
la flauta del pastor reuniendo a sus rebaños
de estrellas?
Es el hálito de los Ancianos allá lejos, allá en la tierra
de las ilusiones.
Saquemos nuestras alas de luz y
emprendamos el vuelo hacia el más calmo tiempo.


III

Prepárate para el viaje.
Reuniremos la flora
y la fauna de ultramar.
Tomados de nuestras propias cinturas
más brillantes que las baratijas del negrero,
plegaremos las rutas,
secaremos los ríos,
beberemos los mares.
Sobre nuestras huellas imperceptibles,
la mirada de todos los pueblos
y de la fauna y la flora
de ultramar.
Marcharemos... marcharemos
sin volver la cabeza...
Frente a nosotros, la tierra de las ilusiones.


IV

Soberbios y silenciosos,
la luna en tus axilas
el sol sobre mi frente,
huiremos...
Privaremos a los poderosos
del calor que alimenta
y de la luz que consuela.
Partiremos firmes y fuertes
los ojos envolviendo el murmullo de los mares
batiendo el corazón al ritmo mismo de la sangre negra.


V

Una planicie de agua, senderos de flores,
un techado de nubes rutilantes,
cada tanto mojones de paz,
las sombras graves y persistentes de los Ancestros,
lechos flotantes en la blancura del sol
a mediodía por los cuatro rumbos,
y allá las mujeres son puras,
más clara que una noche de neomenia
la leche de sus sonrisas...
Amiga mía, así es el país de las ilusiones...
Ven pronto, oh tú que no resistes
al fluido gorjeo de las aves.


VI

Treparemos esbeltos y ligeros al asalto del cielo...
Tan sólo escucha crepitar el fuego de nuestra estela,
contempla el abandono radiante de los siete planetas...
Por todas partes hay incendios
y los mares están en llamas...
¡Ah! ¡Viva el aliento de mi corazón!
También nuestra sangre es caliente.
Ni el tronar de los cañones
ni el rugido sordo de los aviones
y los hombres y las mujeres gritaban su desesperación.


VII

De estrellas será la tierra en la claridad
maternal del alba.
Recibiremos a nuestras hermanas
de allá lejos, lisas y desnudas
pero preciosas,
a los hombres, nuestros hermanos, dioses de modales audaces,
pero orgullosos, y sabios, y pacíficos
guardianes del sol.
Y, hermana mía, caminaremos
por los senderos de la luz.
Confiaremos al olvido
todo el lastre inútil de la época.



- . - . -



La joie d'un continent

I


à Aïda Dramé, 
la jeune fille de soie noire.

Mon désir! des troupeaux de nuages
au tomber du crépuscule
pour faucher les étoiles.
Mon désir! le tintement mystérieux des clochettes
de la Résurrection;
la terre sera un champ pacifique d'espoir
les yeux à la merci des larmes.
Mon désir! un long poème écrit
dans le sang ancien de mon Afrique
et le balancement sera de rythme
le souffle, généreux,
le cadre, limpide:
ce sera éclatant comme la crête du sang;
Mon désir! un rêve
un vient fraternel violemment
sur toute la terre.


II

Mon amie, tu me suivras.
Nous quitterons ce vaste monde pour aller siéger
parmi les Anciens.
N'as-tu pas entendu à la fin du troisième sommeil
la flûte du pâtre rassemblant ses troupeaux
d'étoiles?
C'est le souffle des Anciens là-bas, là-bas au pays
des mirages.
Sortons nos ailes de lumière et
prenons notre envol vers le temps plus calme.


III

Prépare-toi pour le voyage.
Nous rassemblerons la flore
et la faune d'outre-mer.
Ceins de nos ceintures
plus éclatantes que verroteries de négrier,
nous plierons les routes,
assécherons les fleuves,
boirons les mers.
Sur nos traces imperceptibles,
le regard de tous les peuples
et de la faune et de la flore
d'outre-mer.
Nous cheminerons... nous cheminerons
sans tourner la tête...
Devant nous, le pays des mirages.


IV

Superbes et silencieux,
la lune à ton aisselle
le soleil sur mon front,
nous nous échapperons...
Nous priverons les puissants
de la chaleur qui nourrit
et de la lumière qui console.
Nous nous en irons droits et forts
les yeux enveloppant le murmure des mers
le coeur battant, au rythme même du sang noir.


V

Une plaine d'eau, des sentiers de fleurs,
une toiture de nuages rutilants,
de loin en loin des piquets de paix,
les ombres graves et persistantes des Ancêtres,
des lits flottants à la blancheur du soleil
à midi aux quatre horizons,
et les femmes y sont pures,
plus clair qu'une nuit de néoménie
le lait de leur sourire...
Mon amie, tel est le pays des mirages...
Viens vite, ô toi qui ne résistes pas
au gazouillis fluide des oiseaux.


VI

Nous monterons sveltes et légers à l'assaut du ciel...
Écoute seulement crépiter le feu de notre sillage,
contemple l'abandon ravi des sept planètes...
Partout c'est l'incendie
et les mers sont en feu...
Ah! vive le souffle de mon coeur!
Notre sang est aussi chaud.
Pas même le tonerre des canons
pas même le grondement sourd des avions
et les hommes et les femmes criaient leur détresse.


VII

La terre sera d'étoiles à la clarté
maternelle de l'aube.
Nous accueillerons nos soeurs
de là-bas, lisses et nues
mais précieuses,
les hommes, nos frères, dieux à la forme hardie,
mais fiers, mais sages, mais pacifiques
gardiens du soleil.
El ma soeur, nous marcherons
par les sentiers de lumière.
Nous confierons à l'oubli
tout le fardeau inutile du siècle.



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Lamine Diakhate: biografía en Wikipedia (en francés).